martes, 8 de diciembre de 2015

De libros e indiscreciones de escaparate

"¿Eres una chica que lee muchos libros"?, escuché, a mi izquierda: una voz masculina, enturbiada por el tráfico de Gran Vía. Estaba absorta en el escaparate de La casa del libro. 

Aquel viernes de abril yo quería comerme el mundo, y lo que acabé comiendo fueron croquetas con Car, como si de pronto nos hubiesen quitado cuatro años de encima y volviésemos a estar en una tarde más de fin de exámenes.


El tipo me preguntó que si leía muchos libros. Tenía un nombre en absoluto común, y, a pesar de no incomodarme, me inspiraba la confianza justa. Solté una carcajada nerviosa ante aquel súbito ataque a mi intimidad. Entonces me cuestioné yo: ¿Leía muchos libros? ¿Seguía siendo aquella niña que tantas tardes se escapaba del mundo, abrazada a las alas de las palabras enlazadas con maestría por tantos autores, cuando me acomplejaban mis cuatro pecas y el mundo entraba aún en sus viejos pantalones?


Tardé en responderme, y para ello tuve que meter la cabeza entera en el baúl de los años perdidos y rebuscar la frase que un viejo amor grabó a puñal: "La vida no nos recuerda por lo que somos, sino por lo que estamos dejando de ser".


Al chico, en cambio, le contesté finalmente sin pensarlo demasiado: "Los que puedo"


Después cruzamos algunas frases, e hizo una retirada en el momento preciso alegando que no quería molestarme más. Me ofreció la palma de su mano para chocar los cinco, y después, sin preverlo, me hizo girar sobre mí misma en mitad de esa acera plagada de extraños, como si fuese la bailarina que tanto tiempo soñé ser. 



...Desde entonces aparco las prisas cada vez que paso por allí, y hago una parada técnica frente a ese escaparate donde aquel viernes me abordó un extraño. Porque ese día recordé que no merece la pena dejar de ser ciertas cosas, así que me compré un par de libros, y fui feliz. Para seguir siéndolo.



Para Car: por arreglarme de forma inesperada los viernes cuando se ponen feos.





"...por los libros que sostuve 
me mantengo.
Llevo con la voz un acento de sal.

...Tengo veintiséis.
Soy feliz así".