martes, 24 de octubre de 2017

Veintiocho canciones y un par de cactus

Hay dos inventos aún no inventados que necesito con urgencia: los frigoríficos que no emitan ese zumbido odioso que me estropea las siestas, y los días de cuarenta y ocho horas.
Ya sé que es mucho pedir. De acuerdo: puedo seguir aguantando ese sonido insufrible. Y sí, duermo siesta (microsiesta). Pero, de verdad: necesito más horas.
Para dejar de posponer cafés, viajes, tareas pendientes. Para abrazar más. Para echar el freno. Para dejar de correr, que a veces no sé si voy al trabajo o a una maratón. Para leer más, y escribir. Para poder volar sin tener la sensación de que reboto contra las paredes de mi jaula.

Hace casi un mes cumplí veintiocho años. Mamá me regaló unos cactus monísimos. Ninguna de las dos se ha pronunciado al respecto, pero sabemos que es un regalo con mensaje: creo que ambas tenemos la esperanza de que los veintiocho aporten a mi existencia algo de madurez y de responsabilidad sobre lo ajeno, y entonces sea capaz de mantener con vida especies del reino vegetal. Las plantas de plástico de Ikea y el puerro que asoma del cajón del frigorífico no cuentan como plantas, aunque yo no pierda la fe, y por muy verdes que sean.
Tengo el firme propósito de que esos cactus sobrevivan a mis veintiocho, y que éstos traigan al menos la mitad de todo lo bueno que viví en mis veintisiete octubres.

A los veintisiete he bailado. He crecido. Un montón, de ambas cosas.
Dejé de asfixiarme el corazón, y lo dejé sentir como hacía tiempo que no lo hacíamos. Tanto tiempo que ni lo recordaba.
Y como sentí, lloré. Otra vez. Un poco. Bastante. Se fue la abuela María, y con ella se marcharon los mordiscos en la mejilla, las plantas del patio, y el secreto del gazpacho más delicioso del mundo. Y ya no queda ninguno de los viejos, pero ahora los nuevos llenan la casa con sus gritos, pañales y canciones de la Patrulla Canina.
Viajamos. Mucho. Así que algo dirán las terminales de aeropuerto, los litros de Guinness que rodaron garganta abajo, el metro viejo y barato de Praga, las balizas humanas en las laderas del Pirineo. Ja, ja, ja, ja, ja, Jaaaaaaaca.
Secuestré a mamá, y nos aislamos rodeándonos de Atlántico y sol. Las curvas en las alturas, los kilómetros de Sotavento, y Bethancuria desierta a las cinco de la tarde en plena temporada alta nos guardan el secreto de unos días de paz.
Celebramos el amor: en Cádiz, y vi un erizo a las tres de la mañana (y te lo conté, y nos reímos, y nos declaramos la guerra). Junto al Tajo, y volví a emocionarme en una boda: yo, la tipa dura, llorando a moco tendido. En un viñedo en una tarde ventosa, donde me hicisteis la curilla y conserje de noche más feliz del mundo.
Hice cursos que no me han servido de mucho, y guardias que sí.
Garabateé todos y cada uno de los días de mi agenda: los llené de mis mil cosas que hacer, y de momentos felices.
Pude ir menos a casa: lo valoré mucho más, y siempre os echo de menos.
Hice una amiga riquiña, compartí trasplantes y terraceo en La Latina con un amico di Bérgamo, y decidí que jugar con el globo terráqueo siempre es buena idea. Alemania nos espera :)
Y me enamoré, aunque no quería. Como al dormir: despacio, primero; de repente, después. Perdí el miedo a las alturas bajo una luna de lunes en Tribunal, y echamos a volar sobre los tejados de Malasaña. El aterrizaje fue forzoso, súbito, cruel. Quizás algún día te lo agradezca; quizás algún día me eches de menos.

No me siento vieja, aunque últimamente no me quede más remedio que hacer oídos sordos a mi mantra del “dormir es no vivir” y ahora sí me acueste después de una mala guardia. Aunque el espejo malvado del ascensor del hospital me devuelva más ojeras y alguna arruga.  Cumplir un año más es cumplir un año menos, y me acerco a los treinta con unas ganas de vivir que se desbordan. Sumo septiembres, pero sigo siendo la misma.
La de la sonrisa puesta, la loca de los conciertos. La que canta en la ducha, en la cocina y en el coche. La de los trucos fáciles para los días duros. La que arregla el mundo a golpe de horno y canciones. La groupie. La que descubrió tarde a Vetusta, la cooltureta sin gafas de pasta ni flequillo. La que adora a una bola de pelo blanca de cuarenta kilos de peso. La que sonríe en las librerías y se deja el sueldo en potingues, discos y camisas. La que por fin ha aprendido a deshacerse de cosas inservibles: ropa, papelajos, personas. Que hay que dejar espacio a lo importante. La que se sienta a desayunar con la calma pero se pinta las uñas en el metro. La que es feliz con un jersey raído y un pantalón descolorido, cuando es octubre pero aún hay tiempo para siestas en la terraza, mientras el aroma a verano siga flotando en el aire. La que acumula libros y cuadernos, aunque no tenga tiempo de leerlos ni de escribirlos. La de los domingos de arroz negro y vino blanco, sobre un mantel feo, repelente al agua, que hace perfectos a esos días en casa injustamente breves.

A los veintiocho sólo les pido seguir encontrándome la sonrisa. Un poco de tiempo, aviones, y más canciones.

Eso, y que no se me mueran los cactus.


Yo prometo cuidarlos. 




...Algo tendrían que contar las estaciones
algo dirán las terminales de aeropuerto, 
los bares donde nacieron 
cinco de nuestras canciones...

martes, 18 de julio de 2017

De cómo me convertí en mainstream

En el plazo de una semana perdí a mi abuela, se nos gastó el amor, y la pantalla de mi móvil decidió morir también. Ah, también perdí la tarjeta del hospital e inundé el garaje ridícula e involuntariamente. 
Cuando mis maltrechos ojos se cansaron de tanta secreción se pusieron en huelga, y entonces, por fin, bajó el nivel del mar. Veía con más claridad, pero no la pantalla: lo suyo parecía tan irreversible como casi todo lo demás. Así que me compré un iPhone. Yo, que presumía de no ser tan mainstream, y que era feliz con mi sistema operativo y mi ladrillo de 16 GB, caí en las redes de las ofertas de MediaMarkt en un momento de extrema fragilidad. 

Necesitaba una funda, entonces. Claramente. Había que proteger de los golpes a ese pastizal.

Le había echado el ojo a un par. “Calma, nena”, me repetiría una de ellas. Sin duda, un mensaje muy necesario en mi vida non stop. La otra era como muy veraniega:“Lánzate en bomba”, rezaba. Yo, que odio casi todo lo que implica el verano: desentonar entre la gente tostada con mi blancura futura, esta pegajosidad en la piel, que el asfalto escupa fuego. Yo, que no tengo más remedio que considerar los momentos más felices del día ir a trabajar (porque el quirófano está a 17 grados y tengo que ponerme hasta el polar) y fregar los platos (lo más parecido a una piscina en el centro de este infierno llamado Madrid), me decanté por ella. 

Aunque decidí que me calmaría, sí. Era lo que más necesitaba últimamente. Pero supe que, sin duda, es mucho más importante seguir lanzándome en bomba. Aunque no siempre sea tan divertido. Porque tú ensayas la pose. Te preparas con ganas y alegría pueril para el gran salto. Pero, tantas veces, se te descuajaringa la postura y acabas pegándote el planchazo del siglo al lanzarte al agua. Sí, incluso cuando tu intención es hacer una bomba. Y los planchazos duelen. Pero hay que seguir lanzándose. Que quien no arriesga, no gana, y que ya lo dice mi artista de cabecera: “Juégatela un poco, valiente”. 


Climb these hills
I'm reaching for the heights

And chasing all the lights that shine

And when they let you down
You'll get up off the ground
'Cause morning rolls around
And it's another day of sun

  

miércoles, 15 de marzo de 2017

Anestesia en el 12 de octubre: versión R3

Cuando eres estudiante y te sientes una maceta en prácticas siempre dices aquello de “cuando yo sea residente…”. Cuando eres residente pequeño, piensas qué no harás de resi mayor, y cuando por fin eres esto último, te haces una lista mental de qué no harás cuando seas adjunto.

Pues es increíble cómo cambian las cosas, y a qué velocidad, y cómo el día a día en el hospital te va engullendo. Y no tienes tiempo de nada, y te agobias, y te olvidas a ratos de todo aquello que prometiste no hacer.

Pero llega el año nuevo, se repite una vez más el examen MIR, y entonces chicos y chicas llenos de ilusión y dudas, exactamente lo que yo misma era hace tres años, comenzáis a pulular por los hospitales. Y entonces, menos mal, vuelvo a acordarme de lo que era y no debería dejar de ser, y me olvido de los agobios, de todo lo que tengo pendiente, y aquí estoy, un año más dispuesta a reescribir esta parrafada sin otro objetivo que el de aportaros un poquito de luz.

El 28 de marzo tenemos una jornada de Puertas Abiertas en el Hospital 12 de octubre. Estáis invitados a venir y conocer el Servicio de primera mano y hacer todas las preguntas que se os ocurran. Tenéis el link para ver el díptico al final del post. ¡Aunque con esta parrafada espero dejaros con pocas dudas! 

Por qué elegir Anestesia es una pregunta que necesitaría responder con otro post. Largo, muy largo, y no porque necesite justificarlo, sino porque mi especialidad me parece que lo vale. Por amplia, por completa, por bonita, por desconocida e injustamente menospreciada en nuestro medio.

Pero se trata de focalizar, así que allá vamos. Os contaré cómo es la residencia en mi hospital, modificando lo que ya escribí en años anteriores.

Cómo se organiza la residencia. 
 Son 4 veloces años de formación. Quizás deberían ser 5, sobre todo teniendo en cuenta que aprendemos a manejar pacientes críticos en unos meses dentro de los cuatro años cuando en medicina intensiva son cinco años en exclusiva para ello . Tiende a ser bastante uniforme en todos los hospitales, con algunas salvedades. Por ejemplo, en el 12 no se rota en Interna; en La Paz y en La Princesa sí (esto es algo que puede haber cambiado).
En el 12, en las rotaciones puramente anestésicas (salvo excepciones: Rea, Dolor crónico, Anestesia Pediátrica) eres el único resi, así que las técnicas las haces tú, sin pelearte con nadie, siempre bajo supervisión de un adjunto. No te sientes solo ni desamparado, en general.
 De R1 rotas 5 meses fuera del Servicio, en orden, o alternando meses de quirófano y fuera de él. 
Son:
-Un mes en Nefrología, en PICs (Partes de Interconsulta) o en la Unidad de Agudos: son trasplantados renales con procesos agudos, o los recién trasplantados al salir de Reanimación, y antes de ir a Planta; una especie de unidad de cuidados intermedios. También es la unidad donde se realiza Hemodiálisis.
- Otro en Cardio, que puede ser en PICs o en Planta.
- Otro en Radiografía de tórax (el subsuelo, que le llamaba yo), aprendiendo cómo interpretar placas de tórax. Una rotación que en su día me pareció algo aburrida, y sin embargo resulta bastante útil.
 - Y 2 meses en Urgencias de Medicina Interna, en el área de Observación-encamados. Un ritmo frenético de trabajo, donde se ven procesos agudos y muchas veces graves, que desde mi punto de vista pueden ser útiles para nosotros: fibrilación auricular, broncoespasmos, shock séptico, síndrome coronario agudo…Cosas que te vas a encontrar en la Rea, o que pueden suceder en un quirófano (aunque el manejo pueda variar, pero es útil para ir sintiéndote médico, ¡por fin!).

Tras esos meses vagando por servicios ajenos, pasas la mayor parte de la residencia en el servicio. De R1 te familiarizas con el quirófano. Rompes vías, ¡muchas vías!, aprendiendo a cogerlas. Te mojas al cambiar los sueros, y se te queda cara de póker la primera vez que te dicen que purgues uno. Por las manchas de cefazolina te reconocerán, y te invadirá la frustración con cada intradural que no seas capaz de pinchar en esas espaldas calcificadas y amorfas. Pero, tranquilo, a todo se aprende ;)
 En el 12 sueles hacer 1 mes en quirófano de Trauma, 1 mes en quirófano de Cirugía General, 1 mes en un quirófano donde se hacen ambas cirugías a días alternos, 1 mes en Obstetricia, 1 mes en Ginecología, y 1 mes en Consulta de Preanestesia en la Residencia General (es decir, no ves en consulta niños, embarazadas ni candidatas a cirugía ginecológica).

De R2 sigues adentrándote en el mundillo anestésico, con mayor profundidad. Se suele pasar 1 mes en quirófano de cirugía Plástica, 1 mes en Trauma-Ortopedia, 1 mes en UDA, 1 mes en Reanimación (o 2), 1 mes en CMA, 1 mes en Trauma (fracturas, politraumas), 1 mes en Cirugía General y 2 meses en Anestesia Pediátrica (todas las cirugías: cardíaca, neurocirugía, plástica, torácica…, anestesia fuera de quirófano- radioterapia, pruebas de imagen, cateterismos- y Reanimación).

De R3 se hace bastante rotación externa, dentro o fuera del hospital, con muchos críticos que en nuestro hospital manejan los intensivistas.
Pertenece a Medicina Intensiva el manejo del postoperatorio del trasplante hepático, el postoperatorio de cirugía cardíaca y el trasplante cardíaco, y el paciente politraumatizado (y su atención inicial hospitalaria). Y en Anestesia llevamos el resto de postoperatorios, y el trasplante pulmonar. El renal, generalmente, no precisa más que un despertar en URPA, y después van a la Unidad de Agudos de Nefrología (cuidados intermedios). Detallaré mejor cómo es la Reanimación en el apartado de guardias.
Yo he rotado 1 mes en la Unidad Coronaria, 2 meses en la Politrauma, y aún me falta (por mi planning, me toca de R4) 2 meses en MICA (UCI cardiológica).
En la coro se ven fundamentalmente los infartos, valvulopatías…
En la Politrauma se maneja el paciente politraumatizado, con su atención inicial protocolizada con el ABCDE (fundamental sistematizar este manejo), y se hacen guardias allí mientras rotas, y es durante la guardia cuando tú recibes a este paciente y aprendes a realizar la atención inicial (y el manejo posterior). Desde el punto de vista de técnicas manuales es guay, porque se hacen técnicas que no se hacen en nuestra Rea (más vías subclavias, traqueostomías percutáneas, colocación de tubos de tórax…).
También se hace quirófano, fundamentalmente Maxilofacial y ORL (manejo de VAD y pacientes pluripatológicos, sangrado en osteotomías de avance o retracción mandibular…), y anestesia regional (solemos salir fuera), así que vuelves a tener contacto con la Trauma con una perspectiva mucho más madura.
Y es de R3 cuando conoces al tercero en discordia: el Dolor Crónico.
Nuestra Unidad de Dolor es joven, pero con un equipo muy preparado y motivado.
Fundamentalmente manejamos dolor agudo postoperatorio en las plantas de hospitalización, así como pacientes ingresados con dolor crónico descompensado. En el área de dolor crónico, atendemos a gran cantidad de pacientes con dolor crónico de distintos orígenes, de difícil control. En la consulta hacemos recepción de nuevos pacientes y seguimiento de otros, derivados desde Trauma, Reuma…y ajustamos su tratamiento o proponemos técnicas para control del dolor. Somos muy intervencionistas. Sobre todo, hacemos bloqueos miofasciales guiados por ecografía, y radiofrecuencia pulsada en la sala de técnicas, y técnicas más complicadas en nuestro quirófano de dolor, casi todas guiadas por escopia: epidurales, epidurolisis, radiofrecuencia intracanal…
 Hay rotaciones que, según tu planning, te tocan de R3 o R4. Sobre todo la segunda rotación en Anestesia Pediátrica, MICA, Politrauma.

Y de R4 (el año que me falta) se rota en Cirugía Vascular, Torácica, Cardíaca, Urología, Trasplante, otro mes más en Rea…

- Rotaciones externas
Me refiero en este apartado a rotaciones puramente externas, es decir, fuera del hospital. Porque dentro también las hacemos: en las UCIs, en Cardio, incluso hay quien rota en Infecciosas.

Lo ideal sería que en la programación de cada residente hubiera de 2 a 4 meses “vacíos” que uno pudiera emplear en hacer rotaciones internas o externas para potenciar su formación en áreas de su interés, o en las que su hospital sea deficitario.
Peeeero, ¡ay, amigos!, la cruda realidad en el Doce es que no es así. De cuando yo pregunté, no recuerdo cómo funciona en otros hospitales. Pero en nuestro centro tienes que prescindir de algunas rotaciones para poder hacer rotaciones externas. No es lo ideal, pero no es tan malo.
Quizás lo peor es cuadrar el planning para hacer la rotación: por orden del Ministerio no se puede hacer en abril ni mayo (por ser periodo de cambio de promociones), ni tampoco en verano; al ser periodo vacacional hay que organizarse muy bien para poder cubrir las guardias, y que hubiese gente rotando fuera complicaría aún más el asunto.

Pero no es tan grave perder uno o dos meses de tu programa si puedes organizarte bien. Solemos intentar colocarlas en un mes de las rotaciones que tienen 2 meses. Por ejemplo, en MICA o Politrauma.
Yo rotaré en Vía Aérea Difícil en el Clínico de Valencia perdiendo un mes de MICA, y para ir a Figueras a aprender bloqueos periféricos con el Dr. Carlos Salazar perdí un quirófano de Cirugía General.

Hay que justificar las rotaciones (por ejemplo, hasta ahora no había rotación de VAD establecida en el hospital), pero en general no te ponen impedimentos para hacerlas.
Sobre qué rotaciones hacer, los resis mayores y tutores/adjuntos te van orientando, y te dan información sobre cómo conseguirlas, pero esto es muy Juan Palomo: tienes que buscarlas tú y contactar con los centros o las personas de referencia. No es nada difícil, aunque asuste ;)

Tras haber rotado fuera, puedo afirmar que es fundamental salir y ver cómo se trabaja en otros lugares.

Hay muchas opciones, y uno mismo va descubriendo qué quiere reforzar conforme avanza la residencia. Las rotaciones externas más habituales son Vía Aérea Difícil y bloqueos periféricos. Otras frecuentes son Cirugía Cardíaca y Rea/UCI. En general, es conveniente solicitarlas con bastante antelación, aunque depende del sitio.

¿Y dónde hacerlas? En España, incluso en la misma ciudad, pero en distinto centro, o en el extranjero (donde, por temas de seguro profesional, generalmente vas de observer). Particularmente, he preferido hacerlas en España porque creo que las voy a aprovechar más. Sólo tenemos 4 años de residencia y  personalmente no quería irme al extranjero por el follón que supone y porque ya me cansé de mirar siendo estudiante.
De todas formas, la formación no acaba en la residencia. ¿Que me acaba chiflando cardíaca? Pues de adjunta voy y me especializo, aquí o en el Mount  Sinaí. Siempre puedes hacer un fellow.

- Asistencia a cursos, jornadas, congresos…
Económicamente no nos dan muchas facilidades para asistir a cursos y congresos. Hay muchísimas opciones de formación, si tu bolsillo te lo permite. Sobre todo, conforme avanza la residencia, uno va haciendo algún contacto, y adjuntos que tienen más contacto con casas comerciales a veces sí consiguen ciertas cantidades de dinero para financiación de formación. Pero no es habitual. En nuestro ámbito, la pasta está en el Dolor, y a través de ellos sí puedes hacer algún contacto para cursos relacionados con el Dolor o la Locorregional.
Pero si en la facultad os imaginábais de congreso en congreso y de sarao en sarao, lamento desmontaros el mito. En Anestesia lucharéis por mantener decente vuestra cuenta corriente mientras os dejáis la nómina en cursos.
Pero respecto a la organización del servicio para que los resis puedan acudir a cursos, no suele haber problema. Se solicitan los días, y sin más.

- Diploma Europeo de Anestesiología y Cuidados Críticos
En el 12 no disponemos de un grupo de preparación del examen. Cada vez es más habitual prepararlo. En mi hospital, la gente suele hacerlo de R3, preparándose en un curso intensivo, previo pago, mediante una academia especializada, tipo MIR, o estudiándolo por libre. En otros centros, empiezan a estudiarlo antes. Sea como sea, es una decisión personal. No es obligatorio para trabajar como adjunto en España, aunque es cierto que cada vez lo realiza más gente y por ello quizás en los próximos tiempos sea un plus en el currículum.

- Sesiones clínicas 
Los viernes hay sesión “general” de resis, a las 7.45. Suelen acudir tutores, algún adjunto, y el jefe, y aunque no es obligatoria de forma estricta la asistencia, se pasa lista. Después, a las 8.30, suele haber sesión de Servicio (“de adjuntos”) y el primer viernes de mes hay sesión de Secciones (Trasplante, Dolor…). A estas a veces vamos, sobre todo si el tema es de nuestro interés o el nivel es acorde a nuestros conocimientos.
Además, hay secciones del Servicio que tienen sus propias sesiones, y donde uno va mientras está rotando allí (o si tiene especial interés, o le da la vida). Pediátrica, por ejemplo, o Unidad del Dolor.
Además de esto, los martes solemos hacer sesión de resis sin adjuntos a las 7.45, para revisar temas de interés general (desde farma y fisio, hasta ventilación o temas de críticos), y también se hacen sesiones de anestesia obstétrica, dirigidas sobre todo a R1 y R2.
 He de decir que la organización puede variar, en cuanto a periodicidad o qué día de la semana se hace (a veces simplemente por cuestión física, de disponibilidad de aula), y que por horario de tu rotación, o por estar saliente, a veces no se puede acudir a todas.
 Además, una o dos veces al mes se hacen sesiones interhospitalarias con el resto de hospitales de Madrid mediante videoconferencia y chat, que son bastante enriquecedoras. Eso sí, para esas el madrugón es mayor: viernes a las 7.30h.
En cuanto a cuánto tiempo “te quitan” las sesiones. Suelen programarse al inicio del curso académico, después del verano, con lo que uno sabe con bastante anticipación cuándo tendrá que dar su sesión. Como somos 40, son bastante espaciadas, y como lo sabes con tiempo no resulta agobiante.

- Guardias
De R1 comienzas haciendo guardias de Urgencias, en lo que en el Doce llamamos “Agudos”, que viene a ser Observación/Encamados, junto a los coRs de especialidades médicas. Se hacen en teoría durante todo R1, unas 3-4 al mes, aunque a partir de enero empezamos con las guardias de especialidad y, si quieres, puedes ir haciendo menos de Urgencias (hay a quien no le gustan nada y en enero ya no pasa por allí). En mi caso, de R1 hice la primera de Anestesia, así que hice como 3 de Agudos, y así fui hasta que tuve 2-3 de Anestesia, y entonces ya hacía una o ninguna en la Urgencia. Esto va un poco “al gusto del consumidor”: seguirás o no pasando por allí según lo que las aproveches, desde el punto de vista médico, social, o económico.
Contaros cómo son las guardias de Agudos me llevaría un post entero, y la cosa ha cambiado mucho en dos años, pero pensad que aunque os asusten con este tema, es una pequeñísima parte de vuestra residencia. Que no os condicione.

Y por fin, a finales de diciembre/enero haréis vuestras primeras guardias en Anestesia.
Hay 5 puestos de guardia al día: 2 resis en Quirófano (1 resi pequeño y 1 mayor), 1 en anestesia obstétrica-ginecológica, 1 en Reanimación, 1 en anestesia pediátrica.
Suelen hacerse 4-5 guardias al mes (a veces 6-7, en vacaciones, pero no se lleva tan mal como pueda parecer). E importantísimo: se libran todas
Se empieza en quirófano, y según vas rotando se van añadiendo las guardias en la Maternidad (se hacen sobre todo de R1-R2), Reanimación, y a partir de R3 en Pediátrica.
En quirófano se hace todo tipo de cirugía urgente (cirugía general, vascular, maxilofacial, neurocirugía, torácica…), con la oportunidad de hacer muchas técnicas y manejo anestésico de pacientes complejos
De R1-2 haces sobre todo mater y quirófano, luego Rea, y una vez que has rotado en Pediátrica, a partir de R3, allí también; conforme vas adquiriendo competencias, vas haciendo guardias de todo, durante toda la residencia y no sólo durante la rotación, que a mí me parece algo muy importante porque garantiza una continuidad en nuestra formación. Suelen hacerse 4-5 guardias al mes (a veces 6-7, en vacaciones, pero no se lleva tan mal como pueda parecer). E importantísimo: se libran todas. A continuación hago prácticamente un copiar-pegar del post del año pasado, para contaros cómo son las guardias.

En las de General (Quirófano) generalmente no se para, se hace una cirugía tras otra: Cirugía General (obstruidos y perforados, apendicitis, colecistitis aguda, abiertas o laparoscópicas), Vascular (amputaciones por isquemia aguda de miembros, aneurisma roto), Trauma (fractura de cadera, reducción bajo anestesia general de luxaciones), Maxilofacial y ORL (abscesos maxilares, cervicales, epistaxis o hemorragias en postoperatorio inmediato), Neurocirugía, Uro… ¡De todo! Como os decía, hay siempre otro resi de guardia contigo, y varios adjuntos que se suelen turnar. Nunca estás solo.

En las guardias de Mater coges mucha soltura. Hay un resi con dos adjuntos. Sobre todo se hace analgesia obstétrica, una epidural tras otra (al final las pones casi con los ojos cerrados xD), pero también cesáreas urgentes y emergentes, y otras urgencias relacionadas con patología obstétrica y ginecológica. Preeclampsia, eclampsia y síndrome HELLP, hemorragias obstétricas… ¡No te aburres! Aunque también hay guardias tranquilas en las que te da tiempo a estudiar, leer, monear, o que las enfermeras y las matronas te inviten a merendar jajaja. Además, a mí me parece bastante gratificante: es increíble cómo les cambia la cara a las pobres parturientas cuando les quitas el dolor :D

La Rea es una UCI postquirúrgica. Tenemos dos: una URPA, con 14 camas, abierta hasta las 00h, que es una unidad de rápido recambio y donde se suelen ver y se aprende a manejar las complicaciones más frecuentes del postoperatorio (dolor, náuseas y vómitos postoperatorios, hemorragias…). Y la otra unidad es la Reanimación propiamente dicha, que tiene 17 camas, con pacientes postoperados de cirugía programada, que se quedan 24-48h por protocolo según el tipo de cirugía, y pacientes críticos crónicos, bien procedentes de cirugía urgente con un postoperatorio tórpido (pacientes que desarrollan fallo multiorgánico, shock séptico…), o bien los trasplantados de pulmón. Está un resi con un adjunto, y son guardias complejas y a veces extenuantes, pero muy bonitas. Además, también se hacen muchas técnicas (canalización de vías centrales y para terapias de depuración extrarrenal, bloqueos nerviosos para control del dolor, ecografía pulmonar y ecocardio…).

Y en Niños estamos a todo: manejamos la Reanimación (postoperatorios de cirugía programada, politrauma, sépticos) y cirugía urgente.

Para el trasplante estás localizado durante dos meses en total: el mes de trasplante hepático (durante una rotación de Cirugía General), y el de pulmonar (durante la rotación en Cirugía Torácica). El cardíaco es muy infrecuente, pero ídem: durante la rotación.

- Horario
Los quirófanos suelen comenzar a las 8.30, aunque se suele llegar sobre las 8 al hospital para ver al paciente y preparar el quirófano. Y se suele acabar antes de las 15h.
No obstante, a veces las cirugías se alargan, pero a las 14.45 los anestesistas de guardia o de tarde te sustituyen y te vas a casa. Otras veces, son más rápidas de lo previsto, o el paciente tiene algún proceso intercurrente que obliga a suspender la cirugía, y entonces algún día se sale antes de lo normal.
Para mí, este horario es sinónimo de calidad de vida. Te permite tener toda la tarde disponible: para estudiar (que hay que estudiar, y mucho), para hacer vida social, deporte, dedicarlo a hobbies...

- Pequeños detalles
No existe el hospital perfecto. Y si lo hay, por favor hacédmelo saber, que repetiré el MIR e iré para allá. Dondequiera que escojáis vuestra plaza, encontraréis un Servicio de Anestesiología con sus más y sus menos.
Como detalle, es interesante saber que es la promoción de R3 quienes ponen las guardias durante ese año, y que de R4, al final, hay días en que te ponen “de adjuntillo” en un quirófano.
Por último, reelaboro mi lista de pros y contras.

A favor:
- Lo tienes todo. 
- Es un hospital de referencia (pacientes complejos, Hipertensión Pulmonar, Politrauma. 
- La rotación en Reanimación está fraccionada: tienes contacto diario con los pacientes críticos de pequeño y de mayor, en la rotación en sí, y durante toda la residencia gracias a la continuidad de las guardias. 
- Guardias de todo durante toda la residencia. 
- Hospital con gran volumen de pacientes. 
- Buen ambiente: joven, renovado (están viniendo adjuntos jóvenes procedentes de otros hospitales), y muy bueno, en general.
- Tenemos una Unidad del Dolor muy joven y potente. Podéis cotillear en www.dolopedia.com. También la unidad de Trasplantes y la de Hipertensión Pulmonar, referencia nacional.
- Sesiones programadas con antelación, sin agobios. 
- Horario decente, libranza de las guardias.
- La comida está rica. Quienes han trabajado en otros sitios, dicen que es de las mejores. Obviamente te cansas de todo, y más cuando haces 4 guardias en 10 días, pero no está nada mal. Hay buffet de ensaladas y otros dos primeros para elegir, y 3 segundos.
- El Doce está muy bien comunicado. La línea amarilla es una maravilla, y al centro no hay más de 15 minutos en metro. Hay también muchos buses y estación de cercanías que te deja en cinco minutos de reloj en Atocha. Y si vienes en coche, en la M30 vas en sentido contrario al resto del mundo, por lo que tardas poquísimo. Hay varios parking descubiertos gratuitos para personal, que se llenan pronto. Pero solemos venir temprano…Y, si no, el parking cubierto cuesta 1 euro 24 horas (36h si estás de guardia). 
- Población envejecida, con patologías muy evolucionadas, y en cierto modo “especial”. Encontraréis pacientes con un nivel socioeconómico que hace que, desgraciadamente, su última preocupación sea la salud, por lo que se ven patologías muy evolucionadas. Desarrollas un ojo clínico y unas habilidades comunicativas que otros lugares no te permitirían.

En contra:
- El verano y los periodos vacacionales. Hay que dar cobertura asistencial, y no se respetan 100% las rotaciones (que en verano sólo suelen estar programadas en julio). Así, podéis encontraros un día en consulta, otro en UDA, otro en quirófano, otro, cuando tienes guardia en pediátrica o reanimación, 24 horas allí…
- Es un hospital “de batalla”, y el de referencia del sur de Madrid. Tenemos un gran volumen de pacientes (700000 personas forman parte del área 11, si no me falla la memoria), y por tanto se trabaja muchísimo. Vas a ver de todo y sabrás defenderte en muchísimas situaciones. Siempre teniendo en cuenta la poderosa influencia del azar, que hará que tu coerre haya tenido 10 heridos por arma de fuego y tú uno o cero.
- Quizás se hace poca anestesia locorregional, pero es cierto que hay muchos adjuntos jóvenes con ganas de fomentarla, y cada vez se implementa más.


¡¡¡Muchísima suerte con la elección!!! Os esperamos el 28 de marzo, en comentarios y en cuandoestesenvenablog@gmail.com

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jueves, 12 de enero de 2017

Lo que aprendí de dos mil dieciséis

Madrid era frío, bombillas y aún otoño el día que volví de mi rotación externa. Era diciembre, por fin, aunque venía con prisa. Treinta y un días prácticamente anulados por mis siete guardias con sus siete salientes, una semana en la cama con fiebre, y los desplantes de un americano que se despidió a la francesa.
Mientras tanto, llovía, y los viandantes, espantados, huían para ponerse a cubierto. El aire olía a chocolate a la vuelta de la esquina, y Callao, vacío y mojado, era sólo para mí y algún que otro paraguas solitario. Sonreí: tenía la sensación de haber vuelto a casa. Por primera vez, Madrid era casa. Por una vez quería permanecer.

Comprenderán, entonces, que entre los días fugaces y el corazón templado ni la vida ni el reloj me dieran tregua para, el último día de mi mes favorito, sentarme a jugar a los equilibristas posando en la balanza los más y los menos de otro año que voló. Tenía mejores cosas que hacer: me recuperaba de la resaca de un concierto increíble cuya secuela nos aguarda en Dublín, de una guardia donde la mala era yo, con vía intravenosa incluida, y celebraba reecuentros y que otra vez estamos en tiempo de descuento para un gran día.

Por eso, para los puristas, vienen a destiempo las reflexiones y los recuerdos de doce meses en que, una vez más, aprendí tanto. En que he crecido más de lo que aún siquiera alcanzo a sospechar.

Dos mil diecisiete: tu predecesor me ha dicho que te diga que si vas a venir, sea para dármelo todo sin quitarme nada. Que pinches, ¡coño! Que has de quedarte con quien te cuide, y que lo cuides de verdad. Que te acuerdes de que eres un minúsculo y delicado milagro más a menudo, y que entonces vivas más y pienses menos.
Que algunos sueños se cumplen para que podamos dedicarnos a perseguir otros. Quién te iba a decir a ti que vivirías donde soñabas diez años atrás: en el centro del mundo, a dos minutos a pie de mi rincón favorito de Madrid. Quién si no mamá.
Que sigo siendo una indecisa de manual, y un desastre haciendo maletas, pero por una vez tengo algunas cosas claras, y eso es mucho para mí.

Dos mil dieciséis me ha dicho que te cuente que cumplí veintisiete el veintisiete, pero que fueron las noches de guardia las que me hicieron mayor: las noches con Ella, la mirada vacía de Mario, la mañana de Navidad cuando Joseff me regaló su sonrisa y me pellizcó el alma, las cuatro horas con Marina (que no cinco con Mario) cuando puse mi primer Swan Ganz y mi mayor empeño en esa noche.
Que sigo siendo la estrella de los tejados, donde subo para perseguir otras y coleccionar atardeceres.
Que tengo la certeza de que soy más de invierno; más desde que este infierno a treinta y siete grados a la sombra me arrebató para siempre esa voz quebrada que descolgaba el auricular diciéndome “¡Hola, Curra!”.
Lo bueno es que por eso volví una vez más, para aprender a decir adiós, y así fue como en agosto me encontré sin haber salido a buscarme. Me encontré dejando el sur, corriendo al norte, de donde trajimos una hortensia que ahora luce seca en mi salón y me hace a esta ciudad Mar-drid. Me encontré devorando libros como cuando era niña, sentada en el bordillo de la piscina sin otra preocupación que renovarme el protector solar. Y en el gorro de quirófano que me cosió mamá con la tela que yo elegí, plagada de estrellas y de bailarinas, que no puede ser más cursi ni más bonito Me encontré cuando volví a soñar despierta, y me di cuenta de que aspiro a un futuro sencillo, jugando con un perro en la playa y la sudadera puesta, que hace frío. Me descubrí con una sonrisa inaudita el día que me buscaba la súper de Paritorio para regalarme una historia que no recordaba y que sin embargo nos marcó (gracias por recordarme cuánto vale la pena). Me encontré en las canciones que compartimos y en las estrellas que buscamos, cuando fuimos restos de un cometa. En los aviones que vamos a coger. En un verano en el pachio bevo, sinónimo de amor en su lengua de trapo (gracias, Nuno, por traernos la sonrisa de vuelta). En el día que nos empapamos bajo la lluvia sin importarnos un comino, que para eso somos norteños frustrados, y después comimos en El Imparcial. En un taxi, recorriendo el casco antiguo de Cuenca (el tacón de aguja y el empedrado nunca casaron muy bien), cuando nos preguntamos de repente en qué momento habíamos crecido. En múltiples visitas a Ikea: con mamá, con mi (prima)hermana, con la tripa llena de lentejas deliciosas mientras mi bicho bola dormía la siesta. Mi independencia carece de sentido sin vuestra compañía.  En un café bajo la lluvia de octubre, donde fuimos música por encima de la música. En los propósitos que en dos mil dieciséis tampoco cumplí. Y en los experimentos que sí me atreví a realizar, aunque tampoco salieran bien (“Tú, tu mochila y tu ejército de mastines”; me guardo en vena la música, y la frase).

Aprendí que, mientras haya perros y niños, no está todo perdido.






Y que, después de todo, a veces la vida camina en círculos.

“La posibilidad de encontrarnos en el metro es lo que hace que la vida sea interesante” (lo siento, Coelho, pero es que me vienes al pelo). 

martes, 20 de diciembre de 2016

Ya no le duele

Abre la puerta, y entra, saludando con un buenoh díah disonante con la cerrada entonación que caracteriza al acento de esta tierra. Toma asiento y sonríe. Puede que sea la primera paciente de la consulta que esta mañana sonríe. No es muy común en Dolor. Tiene sesenta y tantos, los labios pintados, el pelo recién arreglado. Está guapa. No está enamorada, confiesa, pero le brillan los ojos. Y es que dice que mejor sola que mal acompañada. Y qué razón lleva. Tanta como dolor tenía: un marido cabrón, muchos muertos a sus espaldas, y esas manos machacadas.

Pero ya no duele, o no tanto. Ahora Charo mueve las manos con cierta y novísima soltura. Las extiende sobre la mesa: “Mire, doctor, cómo puedo estirar ahora los dedos”. Nos cuenta que hace bolsos: que se los compran las vecinas en negocios de escalera. Dice que se los quitan de las manos, que vuelan.
Como ella. Que se ha ido lamiendo heridas, y logró cambiar de piel con ese tiempo que todo lo cura, ganas y un empujoncito de corticoides. Rescató la sonrisa, y ahora vuela.
Como su hermana, cuya pronta visita espera. Que volverá, dejando allá el sur del sur, para devolverle los recuerdos felices de una infancia compartida entre luz y geranios.

"¿Y por qué no vas tú a verla a Argentina?", inquirimos.

"Si yo iría, doctor.  Aunque fuera a la playita unos días, a Benidorm, ¿pero dónde voy sola?", se pregunta en la réplica.

Me limité a esbozar una tímida sonrisa, y no se lo dije. Pero irás donde quieras, Charo; tú, que te sacudes de encima duelos y fantasmas, ya hace tiempo que desplegaste con fuerza tus alas.

Se marcha con deberes: ha de cogerse un tren con destino Barcelona, y ha de buscar unas ruinas romanas cercanas a la catedral. Que se lleve a su hermana, le decimos. Que por algo se empieza, y mejor acompañada esta vez, que tan sola.

Sé que los llevará a cabo.

Se marcha y se despide igual que llegó: sonriendo. 






...Noviembre me trajo tanto o más de lo que prometía. También mi primer contacto con la consulta de Dolor, allá en Figueras :)

lunes, 7 de noviembre de 2016

A mil kilómetros. Bloqueando en Figueras

Está dormida, hecha un ovillo. Y tan suave, y tan enroscada sobre sí misma, que no se sabe dónde acaba el perro y dónde empieza la manta. La placidez y la quietud de sus siestas sólo la interrumpe algún ronquido, de vez en cuando. A veces un ronroneo, otras un terremoto en sus pezuñas. Entonces creo que debe estar soñando que corretea libre por el campo. O que hemos vuelto a casa después de que haya pasado todo el día sola. O quizás, no te engañes, con lo que sueña es con un grueso entrecot.
Emite un suspiro que hace tambalear sus mofletes, deshace el lío que forman sus cuatro patas, y levanta la cabeza: se ha despertado. Volviendo en sí, se incorpora y se estira, poniendo el culo en pompa. Se sacude enérgicamente,  y moviendo el rabo con una dulce parsimonia se dirige hacia mamá, que me tiene al otro lado del teléfono. Apoya la cabeza en sus muslos con una ternura y una delicadeza que dudo que en la vida vuelva a ofrecerme nadie tan inmensas y desinteresadas.
Bajo sus pestañas rubias, dos ojitos deslustrados por incipientes cataratas miran amorosos a mamá, mientras bate el aire describiendo círculos con su cola. Tiene un bigote, uno solo de sus bigotes, negro como el carbón, y a pesar de esa anecdótica oscuridad emana luz. Presiona con el morro sus piernas, llena de amor y melancolía. Como si supiera que llueve en Madrid. Y aquí también: a mil kilómetros de todo, y de nada.

Estoy a mil kilómetros de ella, y de vosotros. Y quizás de él, que también ha pasado la tormenta entre libros y plazos.
Tengo distancia, y tengo por delante cuatro semanas para echar de menos la ciudad a la que odio volver los domingos, y que sin embargo me enreda los lunes. Pero tengo las primeras castañas asadas en el bolsillo, calentándome unas manos que se enfrían sin ti. Tengo dos balcones, y vivo enfrente del Casino. Voy caminando al trabajo mientras me desperezo con el frío de la mañana. Hay un cuadro en el salón que debiera ser París, desde donde me miran unos caballeros de bigote afilado, corbata y bombín, con el cigarrillo a medias, que beben café americano. Apenas si estamos buscando a tientas el olor a mandarinas, y sin embargo la nieve ya se ha dejado ver en el Pirineo. Y ahí fuera las luces son naranjas, y está lloviendo, y yo me imagino a Salvador y a Gala bailando charlestón en mitad de su locura, que es un poco la de todos.
Tengo un noviembre precioso, que aguarda cargado de hayedos y carreteras, de una visita a un museo extravagante, de cafés a la orilla de un lago, de nieve y de mar. De fortalezas. Las del sur de Francia, y las mías, que pienso seguir explorando. Que tengo ganas de aprender, y de pincharlo todo. Tengo la clínica en vena, y ya me guardé la historia de Charo, al marido de Pura, los bombones que trajo María en el michelín, los tejemanejes ganaderos de Josep.

Vamos a bloquearlo todo, excepto a mí.

Yo…yo pienso desbordarme. 

:)





I´m gonna make this place your home

lunes, 10 de octubre de 2016

Como si soplara Levante

El edificio de enfrente, revestido de enormes cristales, reflejaba una luz débil y anaranjada que invadía la estancia a través de un ventanal que iba de pared a pared. Mis ojos seguían aturdidos y entrecerrados; sólo eran las ocho de la mañana. No había llegado nadie ni tenía nada mejor que hacer: decidí entrar a curiosear. Me preguntaba por qué estaba abierta siempre la puerta de aquel despacho. ¿Acaso no había documentos confidenciales y relevantes que proteger? ¿Era aquel un espacio de dominio público?

Entré. En dos mesas largas y enfrentadas se apilaban los folios, y pequeños contenedores apretujaban bolígrafos de colores estridentes. Una planta dormitaba en una esquina, un poco pocha. Había dibujos infantiles en las paredes, y un corcho en otra, que recibía de lleno la primera luz del día.
Y allí estaba. Enmarcada cuidadosamente por un par de chinchetas que la sujetaban por los laterales estaba aquella instantánea desde la que, buenos días, me sonreías a mí también. Eras tú; otra vez aquí. El cabello ensortijado y la sempiterna barba de tres días. La sonrisa sincera y dilatada, los ojos levemente entrecerrados. Las ganas intactas, sacudiendo a los golpes.

¿Qué hace un chico como tú en un lugar como éste? 
Supongo que conservan tu fotografía porque dejan huella cada uno de tus pasos, donde quiera que vayas.

Curiosos tus andares: tan livianos y discretos que apenas si rozan el suelo, y sin embargo, y sin quererlo, pisoteas y rompes los caminos, envolviendo todo del polvo del recuerdo. Ése que araña y pica en la piel como si soplara Levante, y que oculta bajo su capa aquella otra foto, ésa que no te pude dar. Todo lo que no te pude contar. 

Como aquel viernes de febrero en que hacía cola en la Fnac. Hacía tiempo que no me sentía tan groupie, y sin embargo mi único propósito era encontrar tus zapatillas grises aquella tarde. 

 Volví a casa bajo la lluvia, y empapada en el sofá por fin me invadieron los acordes de Charo. Entonces tragué saliva y las ganas de llamarte. Tenía el disco firmado para ti. Te lo habría dado junto con todos los besos que nos debíamos. 

Mi gran no amor, casi lo fuiste. 
Pero ni simpática, ni correcta: lo mío no eras tú. Lo mío nunca fue el acierto. 


Te acuerdas de mí por fin, 
he pensado en llamarte mil veces, 
ya sabes que sí